Para hacer una excursión o una ruta con raquetas de nieve con tu perro, elige un recorrido más corto de lo habitual, con la posibilidad de volver en cualquier momento, y revisa sus patas en cada parada. Mantén al perro alejado de los lagos y cursos de agua helados, llévalo con correa donde haya esquiadores y trineos, y da la vuelta ante las primeras señales de frío o cansancio. En la nieve cambian a la vez el esfuerzo, los riesgos para las patas y la convivencia con quienes comparten los senderos.
Antes de salir: recorrido, tiempo y tu perro
Elige una ruta circular corta o un itinerario con varios puntos para regresar, no una subida sin alternativas: si el perro se cansa, debes poder acortar el recorrido sin complicaciones. Si es la primera vez que está en la nieve, considera la salida como una prueba: es mejor volver pronto que llegar a toda costa al destino.
Consulta el tiempo y a qué hora anochece, porque en invierno hay pocas horas de luz, e informa a alguien del recorrido y de la hora prevista de regreso. En la montaña, consulta la información oficial sobre el peligro de aludes y permanece en los itinerarios señalizados.
Algunos perros requieren más precaución: los de pelo corto o de tamaño pequeño, los cachorros y los mayores. Para ellos, conviene acortar aún más el recorrido y observarlos con más atención. Si tu perro tiene alguna enfermedad, pregunta antes al veterinario si la salida es adecuada. Por último, comprueba las normas sobre perros en la zona o en la estación, porque pueden variar de un lugar a otro.
Cuánto caminar por la nieve y cuándo dar la vuelta
La nieve fresca y profunda aumenta el esfuerzo: cada paso cuesta más, incluso para un perro acostumbrado a pasear. Antes de salir, decide en qué punto darás la vuelta y respétalo, aunque el destino parezca estar cerca.
Da la vuelta incluso antes de llegar a ese punto si observas alguna de estas señales de frío o cansancio:
- temblores;
- levanta las patas constantemente;
- va más despacio;
- busca refugio;
- gime;
- se niega a continuar.
No hace falta que aparezcan todas a la vez: basta con una para acortar el recorrido o dar la vuelta. Aprovecha las paradas para observar al perro con calma, además de revisarle las patas.
Ofrécele agua de tu botella en vez de dejar que coma nieve: cerca de carreteras y aparcamientos puede contener suciedad o sal. El frío descarga el teléfono rápidamente, así que llévalo en un bolsillo interior.
Alarga las salidas siguientes poco a poco, partiendo de la distancia que el perro pudo recorrer bien la última vez. Para llevar un registro de cuánto has caminado, puedes registrar la excursión con el GPS de la aplicación PawsPet como actividad deportiva («Excursión» o «Senderismo con el perro»): se guardan el recorrido, la duración y la distancia.
Patas: bolas de hielo, sal y pequeños cortes
En los perros con mucho pelo entre los dedos, la nieve que queda entre las almohadillas se apelmaza y forma bolas de hielo. Recortar ese pelo, incluso en la peluquería canina, ayuda a evitarlo. Si se forman durante la salida, detente y quítalas con los dedos, sin tirar del pelo.
Los bálsamos para las almohadillas y las botas para perros son opciones, no una necesidad: si quieres usarlos, pruébalos en casa antes de la salida y comprueba que no rocen.
Revisa las almohadillas en cada parada: levanta cada pata, separa suavemente los dedos y busca cortes, grietas o hielo incrustado. Si pasas por carreteras o aparcamientos donde se haya esparcido sal, no dejes que el perro se lama las patas y, al final del día, enjuágalas con agua tibia.
Hielo y agua: zonas que conviene evitar
Los lagos pequeños, las charcas y los arroyos cubiertos de nieve o hielo pueden ceder, aunque parezcan sólidos, y la nieve puede ocultar dónde termina la orilla. Si la ruta bordea un lago o un arroyo, considera una alternativa.
Mantén al perro alejado de los lagos helados y, cerca de cualquier tramo de agua, llévalo con correa o con una correa larga, aunque normalmente acuda cuando lo llamas.
Si el perro cae al agua a través del hielo, no camines sobre la superficie para rescatarlo: llama de inmediato al 112 y sigue las indicaciones del operador.
En los recorridos compartidos con esquiadores y personas con raquetas
Camina junto a las huellas preparadas para el esquí de fondo, no por ellas, para no estropearlas. Cerca de las pistas, las zonas de trineo y los tramos de descenso, lleva al perro con correa: un perro suelto puede cruzarse en el camino de alguien que baja a gran velocidad. También en los senderos frecuentados por personas con raquetas de nieve, mantenlo a un lado y deja espacio a quienes te cruces.
Si se acerca alguien a gran velocidad, detente, mantén al perro cerca y deja pasar a esa persona; no permitas que persiga a quienes esquían. Si tu perro se altera al cruzarse con mucha gente, elige una hora o un recorrido menos concurrido. Recoge también sus excrementos en la nieve: volverán a aparecer cuando se derrita.
Al volver: secar, revisar y saber si hace falta acudir al veterinario
Al terminar la salida, seca las patas y el vientre con una toalla, porque la nieve al derretirse deja el pelo mojado. Después, revisa si hay cortes, grietas o enrojecimiento entre los dedos y en las almohadillas, y repite la revisión por la noche con buena luz.
Contacta con el veterinario si el perro cojea durante mucho tiempo, si una herida sangra o si alguna parte de la pata sigue pálida, fría o dolorida: el veterinario valorará qué hacer. Durante los días siguientes, observa cómo camina.
Para la próxima salida, prepara un pequeño kit para las patas (toalla, toallitas, botella de agua y cuenco) y elige de antemano una ruta alternativa más corta.



