Para proteger el descanso y la seguridad de perros y gatos durante las obras, en casa o en el edificio, conviene organizarse de antemano: pedir el calendario y las fases más ruidosas, preparar una habitación refugio lejos de la zona de trabajo y acordar con los trabajadores unas normas sobre puertas y materiales. Después, se ajustan los paseos y las comidas a las horas más ruidosas y, para los días más complicados, se valora una alternativa fuera de casa. Al final encontrarás un plan en una página, con el cartel para la puerta del refugio.
Antes de las obras: calendario y plan
Pregunta a la empresa, al vecino o al administrador qué días, horarios y fases se prevén como más ruidosos, por ejemplo, las demoliciones y el uso del taladro. Esto te permitirá decidir cuándo sacar al perro, cuándo darle de comer y qué días serán los más difíciles. Marca los días más complicados en el calendario y compártelo con quienes viven contigo, para que todos sepan cuándo hace falta prestar más atención.
Después, identifica las habitaciones afectadas: por dónde pasarán los trabajadores y los materiales, y cuáles quedarán fuera de la zona de trabajo. Piensa también en la posibilidad de que una puerta se quede abierta: la placa del collar del perro debe llevar tus datos de contacto y, si el animal tiene microchip, los datos registrados deben estar actualizados.
Una habitación refugio lejos de la zona de trabajo
Elige la habitación más alejada de la zona de trabajo y que los trabajadores no necesiten, evitando los pasillos de paso. Prepárala unos días antes y deja que el animal pase allí un rato con la puerta abierta, quizá comiendo o jugando: así ya la conocerá cuando empiece el ruido.
Para el perro hacen falta una cama, agua y un mordedor adecuado a su tamaño y edad. Para el gato hacen falta arenero, agua, comida, un escondite y un lugar elevado. Mantén las ventanas cerradas; si las obras son del vecino, elige la habitación más alejada de la pared compartida. Si tienes perro y gato, utiliza, si puedes, dos habitaciones distintas: cada uno debe poder descansar sin compartir el espacio.
Trabajadores en casa: puertas, materiales y un cartel
Si los trabajadores entran en tu casa, cuelga en la puerta del refugio un cartel bien visible: «No abrir: hay un animal dentro». El primer día, repítelo en voz alta a quienes trabajen en tu casa; las personas pueden cambiar de un día para otro, pero el cartel seguirá recordándoselo a todos. Después, establece unas pocas normas sencillas:
- mantener cerradas o vigiladas la puerta de entrada, las puertas de los balcones y las ventanas, sobre todo al entrar y salir con los materiales;
- dejar fuera del alcance pinturas, disolventes, pegamentos, masillas, polvo, tornillos, clavos y cables, y cerrar bien los envases;
- al final del día, limpiar el suelo y, antes de dejar salir al animal, revisarlo todo;
- si tienes gatos, revisar los muebles abiertos, las cajas de cartón y los huecos antes de cerrarlos: pueden meterse donde no los ves;
- si no estás en casa, dejar a los trabajadores un número de contacto para que te avisen si el animal sale o se encuentra mal.
Si el animal ingiere un producto o se mancha con él, contacta de inmediato con el veterinario y ten a mano el envase o la etiqueta.
Paseos y comidas en las horas más ruidosas
Saca al perro a dar un paseo largo, con tiempo para olfatear, antes de que empiecen las obras y, cuando puedas, otro durante las horas punta, por una ruta alejada de la zona de trabajo. Dale la comida y un mordedor en el refugio: así la habitación seguirá asociada a algo agradable y el perro estará entretenido cuando el ruido sea más fuerte.
Con el gato, mantén los horarios habituales de comida, juego y limpieza del arenero, sin añadir novedades. En una casa que está cambiando, las rutinas de siempre siguen siendo un punto de referencia.
Si las obras son del vecino y no puedes controlarlas, fíjate en cuándo es más fuerte el ruido, adapta los paseos en consecuencia y utiliza la habitación más alejada.
Cuándo conviene buscar una alternativa fuera de casa
El refugio no siempre es suficiente: cuanto más largas, ruidosas y extendidas sean las obras, más difícil será garantizar el descanso y la seguridad. Valora una alternativa si se da al menos una de estas situaciones:
- demoliciones durante varios días;
- obras en todas las habitaciones;
- no hay ninguna habitación que se pueda separar de la zona de trabajo;
- el perro entra en pánico con los ruidos;
- animal mayor o convaleciente.
Posibles alternativas:
- familiares o amigos, durante unos días;
- guardería de día, para los días más complicados;
- paseador de perros, para los paseos en las horas punta;
- residencia para animales, si las obras se alargan;
- visitas de un cuidador de mascotas, si el gato se queda en casa.
Para muchos gatos, cambiar de casa también es una fuente de estrés: hay que valorar cada caso y, si tienes dudas, consultarlo con el veterinario. Si el animal nunca ha ido a una guardería de día o a una residencia, pregunta si es posible hacer una prueba antes del día más ruidoso.
Organízate con antelación: la disponibilidad y las plazas dependen de la zona y de las fechas. Para encontrar una alternativa cerca de casa, en la pestaña «Servicios» de la aplicación PawsPet puedes buscar una «Guardería de día» o una «Residencia para animales» indicando la «Zona de búsqueda» y la «Distancia», y luego comparar la «Disponibilidad» y las «Opiniones» en la página del servicio.
Después de las obras: vuelta a casa y señales que no debes ignorar
Antes de volver a abrir las habitaciones, comprueba que no queden restos: tornillos, clavos, polvo o envases abiertos. Después, vuelve a abrir los espacios poco a poco, deja que el animal los explore sin forzarlo y retoma la rutina habitual.
Consulta con el veterinario si el animal no come, permanece escondido durante mucho tiempo, vomita o tiene diarrea, cojea, tose o estornuda después de estar expuesto al polvo, o se lame las patas de forma insistente. Anota cuándo empezaron los síntomas y cuánto duran: son datos útiles para el veterinario.
El plan en una página
Antes de que empiecen las obras, coge una hoja y escribe:
- fechas de las obras y fases más ruidosas;
- habitación refugio y lo que contiene;
- texto del cartel: «No abrir: hay un animal dentro»;
- horarios de paseos y comidas;
- datos de contacto de la alternativa elegida y del veterinario.
Cuelga la hoja cerca de la puerta de entrada para que quien llegue sepa enseguida qué hacer, y coloca el cartel en la puerta del refugio. En los días más complicados ya lo tendrás todo decidido.



