Para muchos gatos, esconderse es una forma habitual de gestionar a personas y ruidos nuevos, y no significa necesariamente que el tuyo sea «antisocial». No debes sacar a tu gato de su escondite: te corresponde ofrecerle un refugio con todo lo que necesita y pedir a las visitas que lo dejen tranquilo. Aquí encontrarás cómo prepararlo con antelación y tres frases para repetir a quienes entren, palabra por palabra.
Por qué no conviene sacarlo de su escondite
Un gato al que sacan a la fuerza puede asustarse aún más, arañar para defenderse o buscar escondites menos seguros. En cambio, cuando se siente a salvo, a menudo sale por su cuenta en cuanto la casa le parece tranquila. También es mejor evitar encerrarlo en una habitación a última hora: necesita un lugar que ya conozca. Tu tarea es preparar ese lugar, no convencerlo de que salga.
El refugio, listo unos días antes
Prepáralo con antelación, cuando la casa aún esté tranquila: el gato puede explorarlo sin prisas y, cuando suene el timbre, ya tendrá un lugar conocido. Aquí tienes la lista:
- Una habitación que las visitas no vayan a usar, por ejemplo, el dormitorio o el despacho.
- Agua, comida y un arenero limpio, con el arenero lejos de los cuencos.
- Un escondite: una caja con una abertura o el transportín abierto, con una manta que el gato ya conozca dentro.
- Un lugar alto despejado, como una estantería estable, desde donde pueda observar sin que nadie lo alcance.
- Ventanas cerradas o protegidas, y cables y objetos frágiles apartados.
Si cierras la puerta para mantener fuera a las visitas, hazlo cuando el gato ya esté dentro y vuelve a abrirla cuando la casa se haya tranquilizado o si pide salir.
Si la casa es pequeña
Prepara un rincón del dormitorio con un escondite y una superficie elevada, y mantén la puerta cerrada para las visitas. No dejes allí bolsas ni abrigos amontonados: le quitarían espacio al gato y darían a todo el mundo un motivo para entrar.
Tres reglas para decir a las visitas
Repite estas tres frases a las visitas antes de que entren, en persona o por mensaje, siempre con las mismas palabras:
- «No lo busquéis ni lo llaméis».
- «No lo cojáis en brazos ni abráis la puerta de su refugio».
- «Si se acerca, quedaos quietos, ofrecedle una mano baja para que la huela y acariciadlo poco, solo si es él quien busca el contacto».
Añade tres consejos prácticos:
- Nada de sobras de la mesa para el gato.
- Cierra enseguida la puerta de casa después de cada entrada o salida y mantén las ventanas cerradas o protegidas para evitar fugas.
- Un adulto debe supervisar a los niños que estén de visita; no deben perseguir al gato.
Durante la visita: horarios y ruido
Mantén sus costumbres de siempre: dale de comer a las horas habituales, aunque tengas que llevar el cuenco al refugio si no sale, y mantén limpio el arenero. No lo cambies de sitio precisamente cuando haya visitas. Mantén las voces y la música lejos de su habitación. Si sale por curiosidad, no lo conviertas en el centro de la velada: propón jugar con una caña solo si participa espontáneamente. Si, en cambio, permanece escondido toda la noche, déjalo tranquilo: para eso sirve el refugio. Basta con comprobar de vez en cuando que tenga agua y el arenero esté limpio, sin molestarlo.
Visitas que se quedan a dormir
No alojes a las visitas en la habitación donde el gato come o tiene el arenero: sería un cambio más justo cuando la casa ya está alborotada. Si no puedes evitarlo, traslada el arenero y los cuencos poco a poco, antes de que lleguen. Por la noche, deja siempre libre el paso al agua, la comida y el arenero: no cierres ninguna puerta entre el gato y lo que necesita. Antes de cerrar maletas, bolsas y armarios, comprueba que no se haya metido dentro. Es fácil olvidar las tres reglas: escríbelas en una hoja y cuélgala en la entrada.
Después de la visita y cuándo preocuparse
Cuando se vayan las visitas, deja que el gato salga cuando quiera y retoma la rutina de siempre, sin ir a buscarlo. Si habías cambiado de sitio el arenero y los cuencos, devuélvelos poco a poco a su lugar.
Contacta con el veterinario si:
- no come, no bebe o no usa el arenero;
- sigue escondido mucho después de que se hayan ido las visitas;
- esconderse es un comportamiento nuevo en un gato que normalmente es sociable: podría sentir dolor o encontrarse mal.
Urgencia: si entra y sale del arenero haciendo fuerza sin orinar, llama al veterinario de inmediato, aunque todavía haya visitas en casa.
Si el miedo a las personas sigue siendo intenso incluso después de una revisión veterinaria, consulta a un profesional experto en comportamiento felino.
Para la próxima visita, prepara el refugio unos días antes y repite las tres reglas a quienes entren.



