Durante la excursión, recoge siempre los excrementos del perro, también en el bosque y sobre la nieve. Guarda las bolsas llenas en un recipiente hermético y llévalas hasta un punto de eliminación adecuado o hasta casa; no las dejes nunca en el camino. Dale de beber al perro en su cuenco, no en fuentes, manantiales ni abrevaderos.
Por qué recogerlos también lejos de la ciudad
En el bosque o en la montaña puede parecer inútil recogerlos: hay espacio, la naturaleza parece absorberlo todo y no se ven papeleras. En realidad, las heces no desaparecen enseguida, pueden contener parásitos y llegar al agua, los senderos y los prados de siega o pastoreo que otras personas y animales usarán después. Apartarlas con un palo o cubrirlas con hojas o nieve no basta: siguen ahí, solo que menos visibles.
Los reglamentos municipales o de las zonas protegidas pueden exigir la recogida de los excrementos. Antes de salir, consulta las normas de la zona que recorrerás y lee los posibles carteles al comienzo del sendero.
Qué llevar en la mochila
Basta con llevar lo imprescindible:
- Más bolsas de las que crees que necesitarás: una puede romperse y, con otra, puedes guardar la primera sin ensuciarte.
- Un recipiente hermético y con cierre, que puedas enganchar al exterior de la mochila para mantenerlo alejado de la comida y la ropa. Puede servir algo que ya tengas: un tubo con tapa, una botella reservada solo para este uso, un tarro o una bolsa impermeable.
- Toallitas o gel para las manos, para usar después de recoger.
- Un cuenco plegable y agua para el perro, en cantidad suficiente para toda la salida: no siempre encontrarás un lugar donde pueda beber por el camino.
En el sendero, sigue siempre los mismos pasos: recoge con la mano dentro de la bolsa, como si fuera un guante, dale la vuelta, hazle un nudo, guárdala en el recipiente y límpiate las manos.
Dónde tirar las bolsas cuando no hay papeleras
Llévate la bolsa cerrada: guárdala en el recipiente y llévala hasta el coche o a casa; después, deséchala según las indicaciones de tu municipio y lava el recipiente para la próxima salida. Las papeleras, por ejemplo, las del punto de partida, solo sirven si son adecuadas y no están ya llenas; si tienes dudas, llévatelo todo a casa.
Evita estos dos atajos, aunque parezcan razonables:
- Dejar la bolsa para recogerla a la vuelta: puedes olvidarla, cambiar de sendero y, mientras tanto, se convierte en basura abandonada.
- Colgarla de una rama: parece ordenado, pero sigue siendo basura en el bosque, muy visible para quienes pasan.
También hay que llevarse las bolsas compostables: están pensadas para eliminarse correctamente, no para quedarse en el bosque. Y si paras en un refugio, no dejes allí los residuos sin preguntarle a la persona encargada: quizá no pueda hacerse cargo.
Fuentes, abrevaderos y arroyos: quién bebe después de tu perro
Las fuentes públicas, los manantiales y los abrevaderos son puntos de agua compartidos: después de tu perro beberá otra persona o un animal. Algunas normas sencillas:
- Fuentes y caños utilizados por las personas: no dejes que el perro beba directamente del chorro ni que entre en la pila. Llena su cuenco y déjalo en el suelo, un poco más allá: así podrá beber sin tocar lo que usarán quienes lleguen después.
- Abrevaderos, pilas y manantiales: si los utilizan personas o animales de pastoreo, no dejes que el perro entre, beba o se refresque en ellos. En este caso, también sirve el cuenco.
- Baño en torrentes y arroyos: elige tramos alejados de las tomas de agua y las pilas, y respeta los carteles que pueda haber.
Prados, senderos y refugios: gestos que evitan conflictos
En los prados de siega y los pastos, quédate en el sendero: son terrenos de trabajo. No dejes que el perro cave ni dañe los muros y los cultivos, y respeta los carteles de los propietarios, que indican qué está permitido en cada lugar. Cuando te cruces con otras personas, mantenlo cerca: no todo el mundo quiere un encuentro cercano.
Antes de entrar con el perro en un refugio o en una casa rural, pregunta si está permitido: no siempre lo está y la decisión corresponde a quien lo gestiona. Si te dicen que sí, mantenlo a tu lado, lejos de las mesas y los bancos; si te dicen que no, elige otro lugar para descansar.
En resumen, tres gestos: recoger siempre, cerrar la bolsa y llevártela, y dar de beber al perro en su cuenco. Así el sendero quedará como lo encontraste, también para quienes pasen después.



