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El perro persigue al gato en casa: manejo y ejercicios para calmarlo

Barreras, correa solo bajo supervisión y ejercicios a distancia para interrumpir las persecuciones, proteger al gato y saber cuándo pedir ayuda.

PawsPet CopilotPawsPet Copilot es el asistente de IA de PawsPet. El texto y las imágenes de este artículo se han generado con el uso de la inteligencia artificial.Generado con IA
El perro persigue al gato en casa: manejo y ejercicios para calmarlo
En este artículo
  1. Por qué hay que interrumpir las persecuciones de inmediato
  2. Manejo en casa: evita las oportunidades de perseguir
  3. El ejercicio: mirar al gato y volver contigo
  4. Qué evitar
  5. Cuándo pedir ayuda a un profesional
  6. Por dónde empezar esta semana
  7. Preguntas frecuentes

Cuando el perro persigue al gato en casa, cada persecución hace más probable la siguiente. Por eso, el primer paso es evitar que tenga oportunidades, mediante barreras y supervisión. Después, le enseñas a distancia algo que pueda hacer en lugar de perseguir: mirar al gato y volver contigo, o quedarse en una alfombrilla. Reduce la distancia solo cuando el perro se mantenga tranquilo y el gato pueda alejarse libremente.

Por qué hay que interrumpir las persecuciones de inmediato

Para algunos perros, perseguir es gratificante por sí mismo, así que cada repetición refuerza el hábito. En cambio, el gato vive el episodio como una amenaza y puede cambiar su comportamiento: esconderse, evitar algunas habitaciones o cambiar los momentos en que come o usa el arenero. Además, durante las huidas ambos corren el riesgo de hacerse daño por una caída, un arañazo o una mordedura. Por eso conviene intervenir pronto, sin esperar que se pase solo.

Manejo en casa: evita las oportunidades de perseguir

Hasta que el perro haya aprendido una alternativa, hay que prevenir de antemano todas las oportunidades:

  • Separa los espacios con barreras para bebés o puertas, para que cada uno tenga su propia zona.
  • Mantén al perro y al gato separados siempre que ningún adulto pueda supervisarlos, aunque solo sea durante unos minutos.
  • Cuando estén juntos, usa una correa o una correa larga y ligera, enganchada al arnés y sujeta por un adulto: sirve para prevenir la persecución, no para corregir al perro. Nunca la dejes enganchada al perro sin supervisión: podría enredarse.
  • Ofrece vías de escape al gato: estantes, árboles para gatos u otras rutas elevadas, y pasos siempre despejados en las habitaciones compartidas.
  • Coloca la alfombrilla del perro en un lugar que no bloquee el paso del gato.
  • Antes de que estén juntos, dale al perro una actividad adecuada, como un paseo o un juego de olfato.

Evita usar una jaula o un transportín como atajo, a menos que el perro ya esté acostumbrado a ellos.

El ejercicio: mirar al gato y volver contigo

La idea es que el perro aprenda a mantenerse tranquilo al ver al gato y a buscarte. Trabaja siempre a distancia y deja que el gato pueda irse libremente.

Prepara la sesión

Lleva al perro con correa o detrás de una barrera, y ten a mano premios que le gusten mucho. El gato debe poder subir a un lugar elevado o marcharse: nunca lo sujetes ni lo acerques. Elige un momento en que el perro esté tranquilo y haz sesiones breves. Observa también al gato: si se pone rígido, se esconde o se marcha, termina la sesión.

Encuentra la distancia adecuada

Empieza a una distancia a la que el perro vea al gato, pero todavía acepte el premio y responda a su nombre. Si se queda mirando fijamente, se pone rígido, tira de la correa o ladra, estás demasiado cerca: aleja al perro y vuelve a empezar desde más lejos.

Premia cuando aparte la mirada

Cuando el perro mire al gato y luego aparte la mirada o se vuelva hacia ti, márcalo con una palabra que uses siempre (por ejemplo, «sí») o con el clicker, y dale el premio en el lado opuesto al gato. Como alternativa, premia al perro por tumbarse en la alfombrilla mientras el gato se mueve. Si aún no sabe quedarse ahí, enséñaselo primero sin el gato.

Cuándo avanzar

Reduce la distancia o prueba con un gato que se mueva más por su cuenta solo después de varias sesiones tranquilas seguidas: no hay una cantidad que sirva para todos; lo importante es cómo reacciona tu perro. Después de un episodio de excitación, vuelve al paso anterior. Termina cada sesión antes de que el perro se altere.

Qué evitar

  • Castigos, gritos, rociarlo con agua, tirones o herramientas aversivas como collares eléctricos o de pulverización: pueden aumentar la tensión y no enseñan qué hacer en lugar de perseguir.
  • Sostener al gato en brazos cerca del perro, aunque solo sea para presentarlos: el gato no puede escapar y queda expuesto.
  • Dejar que se las arreglen solos: sin supervisión, las persecuciones se repiten.
  • Premiar al perro cuando está alterado: corres el riesgo de premiar precisamente ese estado.
  • Encerrar al gato en una habitación sin sus recursos: siempre debe tener agua, comida, arenero y un lugar tranquilo.

Cuándo pedir ayuda a un profesional

Consulta a un educador canino, a un especialista en comportamiento o a un veterinario con experiencia en comportamiento si:

  • el perro se queda mirando fijamente al gato durante mucho tiempo y se agacha como si fuera a acecharlo;
  • se lanza contra la barrera;
  • intenta agarrar al gato;
  • ni siquiera a distancia consigue comer o responder a su nombre;
  • después de varias semanas de trabajo constante no ves avances.

Si alguno de los dos se hace daño, contacta inmediatamente con el veterinario. Para buscar un educador canino o un especialista en comportamiento, puedes consultar los servicios de adiestramiento y asesoramiento sobre comportamiento disponibles en PawsPet y leer la ficha de cada profesional antes de decidir.

Por dónde empezar esta semana

  1. Divide la casa con barreras o puertas y decide quién supervisará los momentos en que estén juntos.
  2. Prepara premios que le gusten y una alfombrilla.
  3. Haz dos o tres sesiones breves a distancia, con el gato libre para marcharse.
  4. Anota la distancia, las reacciones y cómo terminó cada sesión para decidir si avanzar.

Preguntas frecuentes

Mi perro solo quiere jugar: ¿tengo que detenerlo de todos modos?

Sí. Si el gato huye, se esconde o se pone rígido, no es un juego compartido: para él es una amenaza, aunque el perro se divierta.

¿Durante cuánto tiempo debo mantenerlos separados?

No hay un plazo fijo: depende de cómo vayan las sesiones. Hasta que el perro se mantenga tranquilo de forma constante, continúa con zonas separadas y usa la correa cuando estén juntos; si vuelven las persecuciones, regresa al paso anterior.

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Este artículo y sus imágenes han sido generados por PawsPet Copilot, el asistente de IA de PawsPet, y no sustituyen la opinión de un veterinario o de un profesional cualificado.

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