Estar separados es una habilidad que se entrena: con ausencias breves, previsibles y progresivas, durante las cuales el perro que se queda tiene algo agradable que hacer. Solo se avanza si permanece tranquilo; ante las primeras señales de malestar, se acorta el tiempo o se vuelve al paso anterior. Conviene empezar antes de que una visita haga necesaria la separación.
Por qué entrenar las separaciones antes de que sean necesarias
Las visitas, una posible hospitalización, la peluquería y las clases pueden requerir que los perros salgan por separado. Incluso dos perros con necesidades de ejercicio distintas pueden necesitar paseos separados.
Prepararlos en días tranquilos evita tener que improvisar justo cuando tienes una cita que cumplir. Un poco de autonomía también puede ser útil ante cambios futuros, sin restar valor al vínculo que tienen.
Qué altera realmente al perro que se queda
Observa si protesta cuando el otro sale con un familiar mientras él se queda con alguien, o solo cuando no hay personas. En el segundo caso, también hay que valorar el malestar por la ausencia de las personas. Es un tema relacionado con la ansiedad por separación de las personas, que se aborda en otro artículo: pide una evaluación profesional sin hacer pruebas más difíciles.
Durante los primeros minutos puedes observar lo siguiente:
- Malestar leve: algunos sonidos, espera junto a la puerta o la ventana; después, el perro se calma y retoma una actividad.
- Malestar más intenso: vocalizaciones continuas, intentos de salir, daños, rechazo de la comida, salivación o jadeo marcados.
Valora el conjunto de señales, no solo si come. Graba los primeros minutos para ver qué ocurre cuando no estás, pero no prolongues la ausencia para completar la grabación.
Un proceso gradual en cuatro etapas
Usa periodos tan breves que no llegue a alterarse. Alterna los papeles y sigue el ritmo del perro que lo pasa peor: no hace falta llegar a la última etapa en un plazo determinado.
Habitaciones separadas con una barrera para bebés
Mantén el contacto visual y ofrece a cada perro una actividad agradable que no genere competencia. Empieza por unos instantes. Alarga el tiempo poco a poco si ambos comen o se distraen sin alterarse. Si protestan, interrumpe y vuelve a empezar con una separación aún más breve.
Puerta cerrada durante un momento
Pasa a cerrar una puerta interior durante muy poco tiempo. Aumenta la duración solo si ambos retoman una actividad o se tumban relajados. Si uno llora o permanece alerta junto a la puerta, vuelve a la barrera y acorta el tiempo.
Uno sale a dar un paseo breve y el otro se queda contigo
Un familiar saca a uno de los perros durante un trayecto muy corto. Avanza si el que se queda se distrae y el que sale camina tranquilo. Si el perro de fuera se bloquea o tira para volver, o si el que está en casa protesta, reduce la separación y vuelve a las pruebas dentro de casa.
El perro se queda sin el otro y sin personas
Pruébalo solo si las etapas anteriores son tranquilas y el perro ya tolera la ausencia de las personas. Sal con el otro durante un periodo brevísimo. Aumenta el tiempo si el vídeo muestra que el que se queda se relaja o retoma la actividad; si muestra malestar, acórtalo y vuelve a las salidas con alguien en casa.
Qué dejarle al perro que se queda y cómo gestionar las salidas y los regresos
Reserva para esos momentos una actividad tranquila y conocida: buscar comida, una alfombra olfativa o un mordedor adecuado para ese perro. Pruébala primero bajo supervisión; si una actividad requiere vigilancia, no la dejes durante las ausencias.
Si se pelean por los recursos, no dejes comida ni objetos disputados a ambos lados de la barrera: ofrécelos solo cuando el otro perro haya salido y retira las sobras y los objetos antes de reunirlos.
Procura que las salidas y los regresos sean tranquilos, sin saludos efusivos. Permite que los perros vuelvan a encontrarse con calma en un espacio amplio, sin forzar el contacto.
Si uno vuelve después de una intervención, una sedación o con un vendaje, sigue las indicaciones del veterinario sobre el descanso y el contacto con el otro perro.
Cuándo pedir ayuda
Pide ayuda si hay intentos de fuga, daños en puertas o ventanas, heridas, vocalizaciones que no disminuyen o rechazo prolongado de la comida. También si el malestar no mejora o empeora pese a avanzar gradualmente.
No insistas alargando la ausencia. Consulta primero con el veterinario: el dolor o el malestar pueden influir en el comportamiento. Si hay heridas, ponte en contacto con él de inmediato. Después, valora recurrir a un educador canino o a un especialista en comportamiento para diseñar un proceso adecuado.
Si la cita está cerca, no aceleres las pruebas para llegar a tiempo: acuerda primero cómo gestionar la situación con el veterinario.
Para buscar a alguien que te acompañe en el proceso, en «Servicios» de la aplicación PawsPet puedes filtrar por «Adiestramiento» y «Asesoramiento sobre comportamiento».
Por dónde empezar esta semana
Si no hay competencia por los recursos, separa a los perros con una barrera durante la comida o mientras usan un mordedor adecuado. Si no, elige una actividad sin comida.
Quédate presente, observa cuál suele protestar y anota cómo reacciona. Interrumpe antes de que se altere: el primer objetivo es que la separación sea fácil, no larga.



